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ARTÍCULOS: BIBLIA 

El Milagro de la alimentación


El Milagro de la alimentación

Como la noche se aproximaba, los discípulos caminaron hasta Jesús y dijeron: “Este es un lugar lejano, y ya se está haciendo tarde. Despide el pueblo, para que ellos puedan irse para las aldeas y que compren alguna comida”. Jesús contestó: “No es necesario que se vayan. Denle ustedes algo para comer”. “Tenemos solamente cinco actos de amor y dos palabras”, contestaron.

Luego, Él ordenó al pueblo sentarse en el suelo. Tomando los cinco actos de amor y las dos palabras y mirando hacia el cielo; dio gracias; dividió el amor y lo entregó a los discípulos y los discípulos distribuyeron el amor al pueblo. Todos estaban satisfechos, y todavía sobraba amor y palabras como para doce generaciones más. La cantidad de las personas que comieron esa noche fue de aproximadamente cinco mil hombres, además de mujeres y niños.

Así es. Cuanto más el amor es ofertado, más crece. Y cuanto más lo donamos, más nos queda. El ser humano no vive apenas de pan, y sí, de toda Palabra que viene de Dios. ¿O usted piensa que no? ¿Qué el alimento espiritual no puede satisfacer el hombre?

Talvez usted mismo ya ha probado semejante sensación, pero terminó por olvidarla … Apenas intente recordarse de un momento en que estuvo feliz – realmente muy feliz. ¿En ese momento, pensaste en comida? ¿Sentiste hambre? Talvez más tarde, cuando el acceso de felicidad ya se había ido… ¿Luego, quien podría entonces, cuando tiene el corazón lleno de felicidad, pensar en comida? ¿Es posible satisfacer el hambre de otra manera, en lugar de alimentos materiales?

Además de esto, cuando el ser humano está pasando por una profunda sensación de tristeza o de sufrimiento, también la experimenta intensamente en el espíritu y no siente la necesidad de alimento material. Muchos de ustedes seguramente vivieron días en los cuales estaban muy preocupados y no eran capaces de comer.

Pero, volvamos a la parábola del milagro de la alimentación, la cual es, lamentablemente, muchas veces tomada solamente como una acción física.

Intente imaginar que está viviendo entre las personas en los tiempos antiguos, las cuales llegaron en la presencia del hijo de Dios. Todas las personas a su alrededor están radiantes y satisfechas con la fuerza de Dios. La Palabra fluctúa claramente en el aire y está abriendo sus corazones. Ellas perciben la Verdad. ¡Cuán fuerte se siente el hombre cuando de repente percibe esta increíble fuerza del espíritu, que el Creador ha depositado en él!….. Entre los discípulos, que construyeron una impenetrable pared alrededor de su Maestro, allá está Jesús, lleno de felicidad. Las personas no comen, sino que prefieren oír la Palabra de Dios. Lleno de amor, Él mira para esta multitud de personas y fluye _ y no drena – la fuente del amor de Dios, desde su corazón. “Estas personas no son como los fariseos, que apenas piensan en las palabras, no dejándolas entrar en sus corazones. Estas personas son las que oyen mi voz…

¿Usted puede imaginar la gran felicidad que había allá y que se fue esparciendo entre las personas? ¿Quién habría pensado en comida entonces…? El pueblo estaba satisfecho con el alimento espiritual que Jesús les había ofrecido. Ellos fueron saciados con amor y felicidad, de manera que cuando ellos dijeron más tarde, que Jesús había saciado su hambre, estaban diciendo la verdad. Finalmente, alguien no solamente les dijo quienes eran en el fondo de sus almas, sino que también les brindó la oportunidad de hacérselo sentir.

Después, cuando las personas registraron en los evangelios, y más tarde, cuando muchos otros escribieron la Biblia, probablemente fue difícil de creer en el hecho de que solamente el amor pudo haber aplacado el hambre de tantas personas. Talvez ellos no pudiesen haber entendido que Jesús lo compartió con sus discípulos y que ellos, más tarde, lo habían distribuido entre las personas. Luego, se limitaron a  la creencia de los discípulos de que tenían cinco panes y dos peces. Talvez fuera más fácil creer en el milagro de la multiplicación del alimento que en el milagro del amor. Entonces, rumores al respecto de Milagros fueron esparciéndose más fácilmente que el mensaje del Amor – ¿quien podría creer que el Amor, una vez, podría haber satisfecho el hambre? Y quien creería, después de tantos años, cuando las personas estaban juntando lo que se recordaban de Jesús o después de tres siglos, cuando la primera Biblia fue escrita….

Jesús era el Hijo de Dios y es necesario comprender que para las personas, que abrieron sus corazones, los efectos fueron aún más fuertes. Los rumores fueron esparciéndose y anticipándose a Él. Todos querían saber más y hablar más sobre eso, y era mucho más fácil agregar algo más al verdadero mensaje. Descripciones completamente nuevas de acontecimientos fueron creados, totalmente distintas a la realidad. Aún hoy, cuando usted cuenta a alguien que ha visto una mosquita volando en su jardín, más tarde las personas estarán diciendo que un elefante ha atacado su plantación.

Muchos de los autores de los evangelios nunca habían visto a Jesús y escribieron apenas lo que oían de las personas. Talvez sea por eso que muchos libros fueron eliminados de la Biblia cuando estaban siendo reunidos, toda vez que contenían muchas historias increíbles las cuales nunca podrían haber ocurrido.

Nosotros vivimos de acuerdo a  las leyes de la naturaleza las cuales están sujetas a las leyes de Dios. ¿Usted cree que Jesús habría infringido las leyes de su Padre? Lo que es perfecto, no necesita ser cambiado o infringido – porque Dios ha imprimido la perfección en las leyes. Es por eso que todo es bueno y tiene su finalidad, tal como debe ser. Dios no es grande porque Él puede hacer lo que Él quiera, y sí porque ha creado leyes eternas y inalterables, en las cuales todo funciona con perfección, en los mínimos detalles, según su voluntad.

Nada de lo que Jesús hizo ha infringido las leyes de la naturaleza. Por ejemplo, es posible resucitar un hombre muerto luego de un determinado periodo, excepto si su espíritu está completamente liberto del cuerpo. También hoy hay casos en que un ser humano puede ser resucitado. El perdón de los pecados y al cura también son posibles si el ser humano cambia íntimamente. Lo mismo ocurrió con muchas otras cosas que Jesús realizó, las cuales consideramos Milagros solamente debido a nuestro conocimiento imperfecto de las leyes de la naturaleza. Ninguno de ellos fue contra las leyes de la naturaleza.

¿Qué piensa usted: Jesús estaría feliz si nosotros aprendiéramos a multiplicar el amor en nuestra vida y fuésemos felices? ¿O Él querría mostrarnos como los alimentos pueden ser multiplicados confortablemente y sin trabajo, apenas para sostener la ya gran flojera del espíritu humano?

El amor es la piedra fundamental y la base de todo en la Creación de Dios y aquí en la Tierra nosotros vivimos en aflicción solamente porque no sabemos donar amor. No sabemos cómo compartirlo y multiplicarlo. ¿Qué cree usted: que Jesús querría impresionar a las personas multiplicando el alimento, o que Él quería enseñar al pueblo, a través de su propio ejemplo, lo que realmente les hacía falta, y lo que ellos necesitaban urgentemente para prevenir la muerte espiritual? De hecho, Jesús, como Hijo de Dios, condujo y orientó a las personas apenas en lo que ellas necesitaban.

Admita usted, hasta el día de hoy, nadie sabe cómo distribuir alimentos milagrosamente, y ni los discípulos hicieron eso en aquella época. ¿Usted sabe por qué? Simplemente porque no es posible. ¿Es bueno creer en algo que no se pueda utilizar en su propia vida, cuando las cosas más importantes se les están escapando por entre los dedos? Al contrario, ciertamente usted conoce el poder de una sonrisa; una ayuda, o una palabra solidaria y debe haberse fijado cómo milagrosamente el amor es multiplicado en seguida. Usted puede haber sentido un calor en el corazón al brindar muchas felicidades. ¿Luego, es bueno creer ciegamente en la multiplicación del alimento material, si usted puede creer en la multiplicación del amor de tal forma que él participará de todos los momentos de su vida? El amor no debe ser tema exclusivo de una conversación religiosa, y sí la semilla de la vida cotidiana.


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