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ARTÍCULOS: BIBLIA 

Los Diez Mandamientos de Dios


Los Diez Mandamientos de Dios

¡TU NO DEBERÁS LEVANTAR FALSO TESTIMONIO CONTRA TU PRÓJIMO!

Octavo mandamiento

Si asaltares a uno de tus prójimos y le golpeares, de modo a causarle magullamientos, y si tal vez aún le robares, sabéis entonces que le perjudicaste y que serás pasible de punición terrena. Ni siquiera piensas que con eso concomitantemente también te enredaste en las redes de un efecto recíproco que no está sujeto a ninguna arbitrariedad, pero que se deflagra con justicia hasta en las más ínfimas reacciones del alma, lo cual no consideras, para lo cual ni posees intuición. Y ese efecto recíproco no tiene ninguna relación con la pena terrena, pero actúa totalmente independiente, de modo sereno por si, pero de forma tan inevitable para el espíritu humano, que en toda la Creación no encontrará siquiera un rinconcito, capaz de protegerlo y esconderlo.

Cuando oís hablar al respecto de tal acto brutal de agresión y de heridas causadas a la fuerza, os sentís indignados. ¡Si las victimas sean personas que os son prójimas, quedaréis también asustados y horrorizados! No os incomodáis, sin embargo, cuando oís, aquí y allá, una persona ausente ser calumniada por terceros, ante el empleo sutil de palabras malévolas, como tampoco muchas veces sólo con gestos muy expresivos, que dejan entrever más de lo que podrá ser dicho con palabras.

Pero prestad atención: una agresión grueso-material puede ser reparada mucho mas fácilmente de lo que un ataque a el alma, la cual sufre con la difamación.

¡Evitad, por eso, a todos los asaltantes de la reputación, de la misma manera como a los asesinos grueso-materiales!

¡Pues son exactamente tan culpables, y muchas veces más aún! ¡Como no tienen piedad alguna para con las almas por ellos perseguidas, así también mano ninguna les deberá ser extendida para ayuda en el más Allá, cuando lo imploren! ¡Frío e impiedoso es el nefasto impulso en su intimo de difamar otras personas, muchas veces hasta extrañas a ellos, y por eso habrán de encontrar frío e inclemencia centuplicados en el local que los aguarda, apenas cuando tengan que abandonar su cuerpo terreno!

¡Continuarán a ser en el más Allá los proscritos y los más despreciables, aún ante los asaltantes y los ladrones; pues un rasgo común, ignóbil y despreciable, caracteriza toda esa especie, desde un mero parlanchín a los individuos corruptos, que no tienen miedo de levantar falso testimonio, bajo juramento voluntariamente prestado, contra un prójimo, a lo cual, en muchas cosas habrían tenido motivo suficiente para agradecer!

Tratadlos como vermes venenosos, pues no merecen ser otra cosa.

Por faltar completamente a toda la humanidad el objetivo elevado y uniforme de alcanzar el Reino de Dios, las personas no tienen asunto cuando se encuentran en grupos de dos o tres, y suelen así tornar el hablar sobre los demás una costumbre de su agrado, cuya bajeza no más son capaces de reconocer porque, con el constante ejercicio, se ha perdido totalmente el concepto para esto.

¡Que continúen sentadas juntas en el más Allá, y se dediquen a su asunto predilecto, hasta que haya pasado el tiempo concedido para la ultima posibilidad de ascensión, que tal vez pudiese les haber traído salvación, y sean arrastradas a la descomposición eterna, para donde llegan todas las especies de materia grosera y fina para la purificación de todo el veneno introducido por espíritus humanos, que no son dignos de conservar un nombre!



¡Quien no se esfuerza para comprender bien la Palabra del Señor, se torna culpado! 



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